Calle Miguel Bravo

Calle Miguel Bravo

La anteriormente denominada travesía del Doctor Fleming, sita en el barrio obrero de La Vega, comienza en la gran avenida que lleva el nombre del descubridor de la penicilina, para concluir en los mismo prados. Discurre recta y en suave descenso, siendo sus viviendas de dos alturas salvo una casa en la parte inicial que sobrepasa esa altura común. Su mayor auge lo vivió en aquellos días de «vino y rosas», cuando la Azucarera de León era todo un poder fáctico en la ciudad. No en vano su mismo inicio, aunque en la acera contraria, está presidido por la monumental chimenea de este emporio económico, ahora tan añorado en la ciudad. Pero nuestra calle, inasequible al desaliento de aquel tiempo pujante ya pasado, sigue asentando aquí sus reales, a la vera de la vitalista y ajetreada avenida del Doctor Fleming. En definitiva, una vía tranquila que, a pesar de formar parte del núcleo ciudadano, aún mantiene cierto aroma rural y relajado, bien patente en la inmensa y despejada campiña que marca su punto final.
Nuestro protagonista Miguel Bravo Guarida nacía el 8 de mayo de 1873 en la propia capital leonesa. Hijo de Perfecto Bravo Blanco, ayudante en la sección de caminos de la Diputación, y de Lucía Guarida, cinco de sus seis hermanos fallecieron en plena infancia. Tan solo sobrevivió Clemente Bravo Guarida, popular periodista leonés de finales del siglo XIX y muerto de repente en 1903, a los 35 años.
Miguel comenzó sus estudios en el Seminario de San Froilán cursando latín, humanidades, filosofía y teología, pasando luego a la Universidad de Oviedo, donde se licenciaba en Derecho en 1896. A partir de entonces ejercería como fiscal municipal suplente, al tiempo que se matriculaba en la Escuela Normal de León, obteniendo el título de maestro nacional en 1907. Según datos recogidos por Cordero del Campillo, desde 1906 hasta 1932 desempeñó la jefatura administrativa de Primera Enseñanza, pasando a ejercer idéntico cometido en la Escuela de Comercio hasta su jubilación en 1943. Bravo Guarida fue durante toda su vida un funcionario del Estado ejemplar, aunque la faceta de su personalidad que más nos interesa es la relacionada con sus múltiples trabajos científicos y culturales. En primer lugar, don Miguel Bravo ocupó numerosos cargos dentro de todo tipo de instituciones locales e incluso nacionales. Fue vicepresidente del Centro Obrero leonés, de evidente inspiración católica, en 1909; secretario de la Junta Provincial de Instrucción Pública en 1910; delegado de Bellas Artes de 1919 a 1931 y miembro de la Real Academia de la Historia a partir de 1919. Asimismo participaría en el Patronato para el fomento de bibliotecas, museos y archivos, e incluso en el Patronato de la Caja de Ahorros. Don Miguel también ocuparía el puesto de director en el periodico Diario De León, siendo miembro del Centro de Estudios «San Isidoro» desde su fundación en 1945. Dentro de la gran cantidad de folletos, libros y artículos que publicó en medios locales como «Archivos Leoneses», «Revista del Clero Leonés» y «Vida Leonesa», destaca el título «Colección de documentos curiosos e interesantes para la historia de León», publicado en 1907. Una recopilación de privilegios y pragmáticas, testamentos y mucha documentación sobre la mortífera peste vivida en la capital durante el año 1569. Entre los trabajos más distinguidos de don Miguel están la «Historia del monasterio de Eslonza»; «Genealogía del Padre Isla»; «El antiguo convento de Franciscanos Descalzos» y «Rincones Leoneses».
Fallecido repentinamente el 18 de febrero de 1950, don Miguel Bravo Guarida no tuvo hijos y, por ello, su importante legado bibliográfico, documental y artístico pasaría a la Biblioteca Pública del Estado y el Archivo Histórico Provincial. Allí se pueden consultar una serie de rancias informaciones y documentos del pasado, imprescindibles para el conocimiento de lo más tradicional y típico de la cultura leonesa.

Fuente:Diario de León

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