Casa Roldan

Casa Roldan

El arquitecto vasco Federico de Ugalde Echevarría, que desarrolla su actividad en Bilbao, proyectó aquí uno de los mejores edificios residenciales de la ciudad, cerrando el límite oeste de la plaza de Santo Domingo, quicio sobre el que ha girado la vida urbana local en el siglo XX. El solar estaba en la frontera entre el casco antiguo y el naciente Ensanche, en terrenos donde se había demolido el hospital diocesano de San Antonio abad, anejo a la parroquia de San Marcelo y trasladado a los altos de la Nava. Al trazarse las nuevas alineaciones de la plaza y calles adyacentes en el encuentro con la calle Independencia y la prolongación de la calle Ancha en su búsqueda del flujo de la estación de ferrocarril, Luis González Roldan, consciente de disponer de un lugar privilegiado, encarga al arquitecto un edificio para almacenes y comercio. Ugalde presenta un proyecto fechado en junio de 1922 en el que se propone ocupar la zona del chaflán con un edificio de planta baja, de ornamentación sobria pero cuidada. Las circunstancias debieron de cambiar porque dos meses después se presenta un nuevo proyecto bastante más ambicioso, figurando como promotoras del encargo Teresa y Dionisia González Roldan. Se amplía la ocupación del solar y al almacén previsto se le añaden oficinas en el primer piso y cinco plantas más, destinadas a viviendas de calidad; las más representativas se situaban en la planta principal. También se proyectó un sótano. Para no disminuir los escaparates en la fachada a la plaza, los portales se sitúan en la fachada trasera, hacia la calle Legio VII.

Llama la atención el nivel de definición que alcanzan los planos del proyecto en comparación con los que presentan los arquitectos locales por la misma época. La distribución demuestra un gran oficio, facilitado por la forma del solar casi rectangular y con fachadas a las cuatro orientaciones. El edificio se divide en dos partes casi idénticas, con escaleras independientes que conducen a dos viviendas por planta. Cada una dispone -según descripción del proyecto- de vestíbulo, sala, gabinete, comedor, cocina, cinco dormitorios, un baño, dos aseos y una despensa. Las viviendas de los chaflanes, prácticamente exteriores y completamente simétricas, tienen una estancia más, que se denomina despacho. Las otras dos tienen una distribución más complicada, donde se duplica el pasillo central, segregando notablemente las zonas con estancias a orientaciones opuestas. El sistema constructivo es de muros de carga en cajas de escalera y fachadas salvo los voladizos, y pilares en el resto, lo que no era frecuente en esos años. Ello hubiera permitido una mayor libertad en la distribución interior, pero parece pervivir por inercia el esquema de vivienda impuesto tradicionalmente por muros de carga, con rectilíneos pasillos -paralelos a las fachadas- que dan acceso a sucesivas estancias homogéneas. También es uno de los primeros edificios de la ciudad dotado de ascensor. El diseño de fachada es de gran prestancia, con volúmenes en voladizo muy compactos sostenidos por ménsulas y redondeados en las esquinas y con ventanas y remates variables en cada planta. El conjunto está reforzado por una recargada ornamentación en bajorrelieve de pilastras, guirnaldas y otros recursos estilísticos exagerados, herederos del gran influjo que supuso la arquitectura del Segundo Imperio. Los materiales de fachada son revocos en distintos tonos, carpintería de madera con diversas formas de partición y barandillas de forja. Todos los locales de planta baja tienen el mismo tratamiento, con pilastras revestidas de mármol “negro marquina” y molduras con guirnaldas en el remate del hueco. Son de gran calidad las puertas de los portales. La cubierta se proyecta a dos aguas para cada tramo, sin quiebros y con buhardillas. En cambio, durante la ejecución se añade una terraza comunicada con las mansardas, quebrando el faldón en dos planos de distinta pendiente; ello ha exigido, por razones constructivas, que el plano superior de escasa pendiente se cubra con teja cerámica plana y el de más pendiente con pizarra, lo que traiciona la coherencia del conjunto. Los torreones de las esquinas, sólo proyectados en la fachada a la plaza, están rematados por tejadillos octogonales de pizarra con lumbreras de ojo de buey, baquetones y coronación en zinc.


Fuente: Colegio de Arquitectos de León

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