Calle Puerta Moneda

Miren bien el título y vuelvan a leerlo si es necesario, porque ese es el nombre correcto de la calle: Puerta Moneda. Nada de «Portamoneda» o «Puertamonedas», como hemos oído tantas veces por una pronunciación defectuosa de la primitiva denominación. Estamos en la calle Puerta Moneda o, lo que es lo mismo, en la vía que entraba a la ciudad por Puerta Moneda, una de las entradas que se abrió en la capital al construirse la llamada «cerca nueva» en tiempos de Alfonso XI. Una defensa levantada para proteger los nuevos barrios que, extramuros de la vieja urbe, fueron creciendo a su alrededor: San Marcelo, San Martín y este de Nuestra Señora del Mercado.
Es un poco curva, pequeña y estrecha, con aceras diminutas y casas de hasta dos y tres plantas, con muchos años a sus espaldas, aunque va quedando algún solar vacío o en proceso de construcción. Su comienzo es, en realidad, la continuación de la calle Herreros, terminando en la arteria que recuerda al judío Barahona. Hablamos de una de las calles más emblemáticas y tradicionales del viejo León, viejísimo, porque aquí estaba emplazada la puerta que dio nombre a la vía y así se la ha llamado siempre. Un enclave donde han nacido y vivido leoneses significados, aunque sólo la casa que hace el número 20 recuerda en una modesta placa a uno de sus hijos: «En esta casa nació el ilustre político y veterinario D. Félix Gordón Ordás, 1885-1973». La llamada «cerca nueva» pudo levantarse, en gran medida, gracias a las recaudaciones de impuestos que se realizaban. La entrada al León medieval en aquellos tiempos, principalmente por el vino que entraba en la ciudad para el consumo de los antiguos leoneses. La «puerta» siempre se llamó de la misma forma debido a que allí se establecieron los «monederos». Es decir, los fabricantes de moneda que acuñaban entonces piezas de cobre, plata y oro, además de los sellos y cuños que ordenaban los monarcas leoneses, agrupados en un gremio que siempre obtuvo enormes privilegios reales y de gran importancia entre los siglos XIV al XVI. Parte de esta «cerca nueva» es aún visible al finalizar nuestra calle y en su encuentro con la de Barahona, pues de ambos lados parten restos de la que fuera muralla medieval, formada de mortero y morrillo, con un ancho camino de ronda, saeteras y almenas.
Todo ello en una vía conocida como Las Cercas y que, a pesar de su estado de conservación, tiene su continuación hasta la calle de la Independencia. Conviene recordar que la cerca iba desde la Torre de los Ponce, junto a la Plaza Mayor, hasta el actual palacio de la Diputación Provincial, con ocho puertas como la nuestra y que hoy en día han desaparecido prácticamente. También existió la llamada “Cofradía de monederos”, constituida hacia 1232 en el Real Monasterio Benedictino de San Claudio de León. Su primer patrono fue dicho santo, cambiándose posteriormente por San Eloy, titular del gremio del metal y con sede en la parroquia de Nuestra Señora del Mercado. Como quiera que esta profesión era considerada herencia sagrada, pasaba de padres a hijos y supuso que se fabricara moneda en León durante muchos años. El fin primordial de la cofradía era de carácter espiritual: ayudar a los hermanos en los momentos difíciles, decir las misas por los difuntos, enterrar con dignidad a los muertos, etc.
Esta puerta fue hollada por reyes como Fernando el Católico, cuando acudió a recibir los restos de San Marcelo un 29 de marzo de 1493; pocos años después, en 1520, sería el propio Carlos V; y finalmente, en 1601 el rey Felipe II visitaba León, acompañado de su esposa doña Margarita de Austria. Quizás por estas visitas reales, en el arco de la puerta hubo una efigie de Fernando III el Santo, sustituida luego por otra de Carlos III en 1759, fecha de su advenimiento al trono, pero tanto estos ornamentos urbanos como la misma puerta desaparecieron sobre el año 1905, siendo alcalde Cecilio Diez Garrote, sin que quede vestigio de la misma. Por la Puerta Moneda también entraba en la ciudad el llamado “camino francés”, o de los peregrinos hacia la Rúa de los Francos, que iban a Santiago y solían hacer “estación” en la iglesia de Santa María del Camino.

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